Antes del amanecer
Me gusta escribir muy temprano, antes de que amanezca. La luz tenue y el silencio envuelven mi estudio de calma. El reloj que aguarda sobre el cielo se mantendrá en reposo un poco más, mientras la ciudad duerme de lejos.
Me gusta escribir muy temprano, antes de que amanezca. La luz tenue y el silencio envuelven mi estudio de calma. El reloj que aguarda sobre el cielo se mantendrá en reposo un poco más, mientras la ciudad duerme de lejos.
Pienso en palabras de Monet que fueron dichas sobre la luz, sobre el detalle, sobre la importancia de reflejar el instante más allá de la imagen completa. El arte no solo es para ser visto, sino también para ser sentido.
Me lo llevo a la escritura convencida, buscando esas escenas en las que parece que no sucede nada y en las que sin embargo te pararías una eternidad. Escribir es un bálsamo para el escritor cuando hallas esa escena que te ayuda a observar la belleza desde otro plano, como permitiéndote subir un peldaño más arriba. Las palabras son como tinta transparente para componer, hilos de luz y alma que hay que adivinar, para poder dibujar aquello que te ayuda a vislumbrar esa idea desbaratada y poética. Dijo Marguerite Duras: La escritura llega como el viento. Está desnuda. O: Escribir es intentar saber qué escribiríamos si escribiéramos.
Al escribir, bien seas pintor y pintes, o músico y compongas, al crear, estás construyendo una escena que no puede representar todo. Eliges un momento, la poesía, y sencillamente lo muestras para que los demás puedan verlo como tú. Esas pequeñas cosas que inmortalizar. Pase el tiempo que pase, sientes que merece la pena que en algún momento vuelvan a estar presentes. Para mí escribir es creer en lo perpetuo, en lo atemporal: contemplarlo aquí y a la vez admirarlo en el mañana.
El camino exacto
Compartí una cita de Joan Didion sobre el acto de escribir en mi cuenta de Instagram.
«Escribo por completo para averiguar qué estoy pensando, qué estoy mirando, qué veo y qué significa. Lo que quiero y lo que temo». —Joan Didion. What I write. Lo que quiero decir.
Compartí una cita de Joan Didion sobre el acto de escribir en mi cuenta de Instagram.
«Escribo por completo para averiguar qué estoy pensando, qué estoy mirando, qué veo y qué significa. Lo que quiero y lo que temo». —Joan Didion. What I write. Lo que quiero decir.
Por qué escribo. Me perturba esta pregunta aun cuando sé que no podría hacer nada mejor en el mundo que mostrar lo que habita en mis silencios a través de la escritura. Me calma saber que puedo expresar todo lo que llevo dentro mediante la palabra. Existe un lago enorme repleto de sensibilidad contenida en algún punto de mi cuerpo, mis venas desembocan ahí. Las teclas de mi ordenador son un arma suave, bondadosa. Aliada, a mi entender, que se activa en cuanto cierro los ojos, y me ayuda a sacar todo lo que hay y a darle orden.
Pero cuando digo que me perturba esta pregunta es porque el acto de escribir me parece demasiado relevante como para precipitarme a dar una respuesta que pueda resultar insuficiente. Desde que empecé a escribir novela descubrí que había algo más allá de la necesidad de expresión. No sé muy bien cuándo sucedió, pero me di cuenta de que algo me llamaba cuando escuché por primera vez la palabra novelista. No había oído jamás palabra que me hubiera producido una atracción igual.
La novela me ayuda a recordar por qué escribo, y me doy cuenta de que no quiero salir de ella. Cuando escribo novela encuentro una especie de rendición a descubrir el camino exacto, la respuesta, la verdad de los hechos. Cuando cuentas una historia no puedes sino contar la verdad de la historia. Este hecho me hace conocer al ser humano tal y como deseo hacerlo, sin vendas. Y esto es lo que me conmueve de la escritura, la honestidad de reconocerme en ella, y a la vez, de poder mostrar aquello que creo que debe ser contado del modo en que creo que debo hacerlo, a través de esa sensibilidad que me dirige. Siento un compromiso en ello, siento que hay tanto que debe ser contado, así como siento la urgente necesidad de deleitar al alma a través de la historia.
Saber que trabajo en esto me satisface de forma única y absoluta. El proceso es una delicia. Me gusta elegir las palabras casi saboreándolas, construir palacios como melodías que manifiesten un mundo rico de matices a través de ellas, pensar que puedan ser degustadas como quien degusta un roquefort o un vino, y hallar una experiencia lírica con relación al entendimiento del ser humano.
Escribo desde la nostalgia, la esperanza y el anhelo. Hablo de amor, de arte y de naturaleza. Elementos con los que convive mi estela interior, y en los que me envuelvo concienzudamente para encontrar el camino. No entiendo ninguna historia que no se componga de alguno de estos elementos. El tiempo marca las manillas del reloj en un ritmo delicado, a veces hacia atrás, a veces hacia delante, a veces elije pararse. Te da la posibilidad de jugar con él y observar con precisión hasta sentir cada parte como si fuera tuya. La escritura une mi cuerpo a mí misma y al universo.
Joan Didion en 1972 by Jill Krementz